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COLOMBIA Reconcíliate!

Segunda parte del mensaje "Escucha Colombia", el cual insta a la Colombia de paz a la reconciliación con Dios y entre sí.

!Escucha Colombia!

Muy recomendado. Un poderoso, inspirado, claro y contundente mensaje para la Colombia de paz de estos tiempos.  

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La casa de Dios convertida en cueva de ladrones PDF Imprimir E-mail
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LA CASA DE DIOS CONVERTIDA EN CUEVA DE LADRONES

 

Jesús subió a Jerusalén durante la pascua y entró en el templo (Juan

2:13-17). Lo que vio lo horrorizó. ¡Los mercaderes se habían apoderado de la

casa de Dios! Él había entrado buscando una casa de oración y lo que

encontró fue una preocupación con la promoción, exhibición, y venta de

mercadería religiosa. Los líderes religiosos estaban ya contando sus

ganancias. ¡Cuánta ocupación! Hombres de Dios se habían convertido en

vendedores ambulantes de mercadería religiosa, correteando por doquier

promocionando sus productos.

 

Mesas habían sido colocadas en todas partes de la casa de Dios para

promocionar y vender ovejas, bueyes, palomas, dulces, inciensos, y otra

mercadería para propósitos religiosos. El dinero cambiando de manos era el

ruido más fuerte en la casa – dinero que hacían de Dios y de la religión.

 

¿Qué terrible dolor causó que el corazón compasivo de nuestro Señor

hirviera con ira santa? Su gran sufrimiento causó que su espíritu manso

ardiera con indignación de justicia.

 

¿Puede usted visualizar ese momento? Con un azote en mano, nuestro Señor

irrumpió en el templo y comenzó a azotar en todas las direcciones, volcando

las mesas llenas de mercadería. Él dispersó a los promotores, a los

negociantes, y a los vendedores.

 

“¡Fuera!” Dijo con voz estruendosa, “¡Fuera de la casa de mi Padre!

¡Ustedes han profanado este lugar santo, habiendo convertido esta casa de

oración en un mercado de comercio!”

 

Fue una de las experiencias más dolorosas de todo su ministerio pero él no

podía quedarse impávido y permitir que la casa de su Padre se convirtiera en

una cueva de ladrones religiosos.

 

¿Estamos dispuestos a compartir con Cristo en este aspecto de sus sufrimientos

hoy día? ¿Compartimos su dolor al ver una vez más que la casa de Dios ha sido

entregada a los mercaderes? ¿Nos escandalizaremos por el comercialismo horrendo

del evangelio? ¿Sentiremos su ira en contra de la venta de cosas espirituales

lo suficiente como para retirarnos de esas actividades? ¿Sentimos su dolor lo

suficiente como para renunciar a los ministerios que como molinos producen

mercadería sólo con el propósito de hacer dinero?

 

¿Podemos compartir sus sufrimientos en este punto lo suficiente como para

levantarnos en contra de aquéllos que convierten la casa de Dios en un teatro

o en un centro de entretenimiento para promotores? ¿Podemos dolernos por todas

las ganancias excesivas que se consiguen con el nombre de Jesús? ¿Podemos

apartar nuestros ojos del dinero y ponerlos de vuelta en la cruz?

 

 
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